NOVEDADES e información de interés.

Una tendencia que se acentúa.

El desafío de lo sustentable versus lo competitivo.

Como miembro del Observatorio de Logística Sustentable del Instituto Tecnológico de Buenos Aires (ITBA), en una de nuestras reuniones periódicas, tuve la oportunidad de escuchar una presentación del Ing. Ernesto Pablo Badaraco, consultor y director del posgrado internacional en Administración de los Mercados de Energía Eléctrica y Gas Natural del ITBA, quien nos presentó la proyección de la matriz de producción de energía en la Argentina para los próximos años y su impacto sobre el medio ambiente.

Dentro de su disertación, algo que me llamó mucho la atención fue un ejemplo ubicado en Alemania, donde luego de la catástrofe nuclear de Fukushima en marzo de 2011, la canciller Angela Merkel decidió la baja de todas las centrales nucleares en 2022. El llamado Energiewende (giro energético) implica también au mentar la cuota de energías renovables del 25% actual al 80% en 2050. Para lograr esa meta, el gobierno alemán reforzó la Ley de Energías Renovables con más subsidios a fuentes como la eólica, solar o la biomasa. El problema es que la medida se trasladó a la factura de la electricidad y disparó el costo de la energía, por lo cual las industrias se quejaron. Aunque estas respaldan la iniciativa de conseguir la sustentabilidad en relación con el medio ambiente, advierten que "esa alza de costos nos hará perder competitividad".

En un mercado tan dinámico como el actual, no se puede esperar que las cosas ocurran para tomar decisiones y actuar al respecto.

Y no es para menos, los precios de la electricidad en Alemania ya están entre los más altos del mundo. El precio de la electricidad industrial ha aumentado un 37% desde 2005, según la Federación de Industrias Alemanas. Mientras que el precio en los Estados Unidos ha disminuido en un 4% durante el mismo periodo. El aumento de los precios de la energía ya ha costado a Alemania USD 52 mil millones en exportaciones netas y podría ser aún más perjudicial si no se toman medidas para mantener los precios bajo control, según el estudio de la consultora en energía IHS.

IHS afirma que la adición de shale gas de producción nacional en la mezcla energética permitiría mantener los precios bajos en el futuro. Pero ese futuro no es tan cercano: lo pronostican para el 2030; sobre todo por el debate que gira alrededor del fracking y las consecuencias medioambientales negativas (si el lector no las conoce, se las recuerdo: para liberar el gas atrapado se utiliza una gran cantidad de agua que se devuelve contaminada con diferentes productos químicos, los cuales también podrían contaminar las napas acuíferas, y se cree que la fractura de las rocas del subsuelo puede generar colapsos sísmicos).

Pero mientras tanto, ¿qué hacer? Y aquí surge la pregunta del millón: ¿cómo lograr el desafío de conseguir un medio ambiente sustentable sin perder la competitividad económica? Pueden encontrarse distintas teorías o herramientas para dirimir esto, desde el uso de la tecnología hasta la filosofía de los clústers, que es la agrupación o conglomerado de empresas, donde cada una desarrolla una tarea especializada y que en forma integrada producen niveles importantes de bienes y servicios con una mayor eficiencia por efecto de las sinergias positivas propias del agrupamiento. Sin embargo, la competencia podría optar por las mismas técnicas y filosofías. Quizá se requiera trabajar con anticipación la planificación estratégica de las políticas energéticas. En un mercado tan dinámico como el actual, no se puede esperar que las cosas ocurran para tomar decisiones y actuar al respecto.

Y el sector de la logística no está exento de estos problemas; por eso debe trabajarse en las buenas prácticas de temas fundamentales como el producto, almacenamiento, transporte y recursos humanos.

En el producto, porque toda modificación −por ejemplo en la reducción o cambio de material− produce un efecto dominó en toda la logística: con menor consumo y abastecimiento de materias primas, menor consumo de transporte para su distribución, menor basura para su disposición final, etc.

Debe planificarse muy bien la demanda, para evitar llevar más productos de los que el mercado requiera, y así la logística inversa será menor. Pero antes de esa logística inversa, debe pensarse a través del I+D en productos bajo el concepto de la economía circular, donde la reutilización y reciclaje están concebidos desde la mesa de diseño; de este modo, cuando un producto finaliza su ciclo de vida no se convierte en basura, sino que vuelve a ser materia prima.

En los centros de distribución puede recurrirse al uso de las nuevas tecnologías como la iluminación con lámparas led o el mayor uso de luz natural, y la adopción de energías alternativas como la solar o la eólica. En el transporte existe la posibilidad de bajar la velocidad durante el viaje, sin perder el nivel de servicio al cliente, así como el uso de aditamentos aerodinámicos pueden influir sensiblemente en el consumo. Y en los recursos humanos toda capacitación sobre manejo, mantenimiento de la unidad, correcto inflado de los neumáticos, etc., también dará su aporte.

Es por todo esto que los logísticos también tenemos que pensar en la génesis de una logística sustentable, ya que toda acción, por pequeña que sea en el presente, se amplificará en el futuro, y muy probablemente nos ayude a no perder nuestra ventaja competitiva.

Deje su consulta completando el formulario

TRANSLOG S.A. © 2015 Todos los derechos reservados.

Sitio web desarrollado por:

Agrego, agencia de diseño